sábado, 2 de enero de 2010
Ira difamante
Arreglando la mala ortografía del epitafio de un pasado que me detesta.Yo amanezco con una inesperada erección de mis párpados prestados, el percatarme del alba me sermonea por sorprenderme nuevamente en medio de la carnosidad de los labios de aquel vacio junto al mar de la experiencia. Agua, cigarro y verificación de mensajes.Me fijo que desde que he cambiado las letras de mi buzón de correos ya no recibo cartas a mi nombre; y las que llegan carecen de papel, el buzón se ha convertido en un sumidero de medias tintas que se atreve a reclamar viajes, trabajo, estabilidad, dinero y atenciones propias de un moribundo.Poco a poco me despreocupo con prudencia y responsabilidad, me dedico a contar las vértebras del organismo que aún respira entre mis manos, intento hallar el secreto de la destrucción. Dedos en forma de oruga que a simple vista parecen fracturados.La maldita ira refleja la piel del agua, refleja la simulación de un fulgurante camino sobre la epidermis del agua salada. Invita y engaña; pero no seduce tanto como la pestilente y agraciada virginal figura de un hada de piel blanca, ataviada con lencería fina de tonos carmesí. Aparca su silueta al deleite carnal justo en el límite vidrioso que sentencia el fin del salitre y el principio del fin de roca.como me domina cuando dobla su cintura y besa enfurecida el minúsculo depósito de cartas convertido en sumidero.Que decepcion que ahora me desalienta aún más la pésima gramática del pasado que me detesta, que me intimida.El hada se masturba frenéticamente con las medias tintas de los envíos que no están a mi nombre, pero son de mi propiedad.Tras uno, tras otro ...al contar el séptimo orgasmo pregunta entre jadeos que desdibujan el falso camino sobre el agua:-¿En qué piensas?-Pienso en lo mucho que me gustaría oírte decir lo rapido que has dejado de amarme.Agua, cigarro y ganas de saltar al vacío.
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